lunes, 25 de noviembre de 2013

Nihilismo rutinario

-Viejos amigos, que se vuelven conocidos y terminan siendo extraños – pienso, mientras aplasto a un insecto que se ha posado sobre mi mano.
¿Es esta la decadencia de la que tantos hablan?, ¿la etapa más precaria y dura que se supone ha servido de inspiración a piezas maestras?;  supongo que la falta de talento de mi parte para que las letras salgan disparadas en forma de versos, contradicen a las letras de la cabeza con un simple escrito en prosa.
Es eso, una prosa ba-ra-ta, planayaburrida, lo que podría resumir estos últimos días. Cada día uno  (y lo escribo en masculino porque me da la sensación de inclusión) se despierta con ese algo de que por fin esa prosa lineal se torne en una tierna e incendiaria poesía. Poco a poco esa sensación va desapareciendo. Las manos siguen vacías. Uno deja de buscar. Es hora de ir a trabajar.

Es como si fuera una cicatriz:  fea y molesta al principio, pero al final se aprende a vivir con eso y hasta amarla.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Parte 1



-¿Qué somos?-  me preguntaba el nuevo compañero que había conocido.
 Así… de repente. Me arrojó esa pregunta, yo no tenía cabeza para esas cosas en ese momento. Horas atrás había ingerido alcohol, coca y mi cuerpo ya lo resentía, así que le respondí con un mirada de bitchplease. El me lanzó una mirada de diversión. Se trataba de un juego. Era el comienzo.
Esa tarde el director de la revista en la que colaboro nos citó a una reunión para conocer a “los nuevos”, aunque de alguna forma sólo desconocía a uno de ellos, ya que con Lupita yo me encargué de mandarle invitación para colaborar.
Con el pensamiento de los últimos días como universitaria, enfundada en un vestido que parecía más de coctel, salí del bar en el que me encontraba bebiendo con algunos compañeros en ese entonces y ahora colegas –cabe destacar que no se a qué me refiero con eso, puesto que no tengo ocupación alguna, más que vagar, beber y hacer drama- con tiempo de retraso    -COMO SIEMPRE- llegué a  mi destino, saludé a todos al mismo tiempo (siempre me han incomodado los protocolos de convivencia como el saludo de beso).
Lo único que deseaba era arrancarme ese vestido elegante, que había usado horas antes para una sesión fotográfica.
Bebimos (lo pongo en primer lugar dado que es lo primero que se hace en esas reuniones).  Ya con cerveza en mano, se comenzaron a discutir diversas cuestiones de la revista -otras no tanto- que si aquélla hizo esto con el otro, que si se le aquél perdió ya perdió piso, etc. 
Horas más tarde eran carcajadas. Uno a uno se fueron yendo. Lo que en un principio eran cinco o seis personas, terminó en tres: el director, “el nuevo” y la fotógrafa (yo).

1

Ese intermitente existir que salía de su pecho, era más grande que el ruido del acontecer urbano.

  era él.

         era esa curva en el rostro
   
                 la sonata pausada aplaudía a destiempo...
       
                           era ella.