lunes, 13 de enero de 2014

DOS



No puedo negar que me siento un poco culpable por lo que escribí acerca de él, no es que lo haya dejado de querer. Simplemente me siento absurda con todo lo que me rodea, incluyéndolo. De alguna manera, ambos estamos conscientes de que acabamos de pasar la gran tormenta.
La imagen más parecida es la de ambos sentados en una sala de espera, pero ¿esperar qué? tal vez nada.

domingo, 12 de enero de 2014

NADA



Ya está, sucedió y al contrario de lo que temía y esperaba, llegó la calma. Es más que eso, lo supe en cuanto charlé con ella. La ausencia de todo.
La vi hace unas semanas, no estaba del todo bien, al parecer estaba un poco disgustada y decepcionada del acontecer diario. No la culpo, pero  sus palabras estaban plagadas de sentimientos, deprimentes (en su mayoría), pero sentimientos al fin y al cabo. Por más que traté, por primera vez no podía sentir alguna empatía. Me obligué y escarbé en lo más hondo, nada. El abandono.
Desde esa mañana  los días pasaron sin mayor cambio, o al menos dejó de importarme si los había.
Es como si estuviera suspendida en una pendiente, lejos de todo, aún se escuchan algunos ruidos de la ciudad, de su gente, pero poco a poco se ahogan, se vuelven difusos. El mundo sigue su rumbo, sin mi, como es de esperarse.
Lo supé desde que lo besé. Nada. Lo abracé y nada. Incluso el erotismo se vuelve tan carente de motivación, es como estar ahí, abandonarme y sentarme a un lado, mientras veo con la mirada fija dos cuerpos retorciéndose de placer. Es él. No cabe duda. Pero ¿soy yo?, de cualquier forma, no tiene importancia.