No puedo negar que me siento un
poco culpable por lo que escribí acerca de él, no es que lo haya dejado de
querer. Simplemente me siento absurda con todo lo que me rodea, incluyéndolo.
De alguna manera, ambos estamos conscientes de que acabamos de pasar la gran
tormenta.
La imagen más parecida es la de
ambos sentados en una sala de espera, pero ¿esperar qué? tal vez nada.
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