Te digo hombre, ¿ por qué tan apático?, ¿A caso te has arrancado
los ojos? No intentes evitar esta desgracia mundana que infecta las paredes. Anda,
sonríe un poco.
Caminemos juntos, pero mira hacia abajo, recuerda que el
cielo suele escupir. Como consolación te susurraré palabras almidonadas, que me hacen ver menos podrida. Te veo y nada puedo hacer para evitar este vértigo.
Aférrate a tus pies. Y no mires hacia arriba.
Mejor ve a las pantallas idiotas. Ahí somos Universo,
brillantina y vacío. Letras. Símbolos. Instante. Código binario. NADA.
Usemos de afrodisíaco el alcohol y una vez ebria (sólo así) quiero
que me tomes de la cintura, me muerdas las esquinas y las chupes. Quiero que me
metas tu verga. Hasta el fondo. Sólo quiero sentirte en mis paredes húmedas. No te salgas, quédate
ahí por un rato. ¿Puedes?
Snifa un poco.
Sobre mi espalda o mi culo. Y sigue dándome fuerte, rómpeme; que la
oscuridad es cruda y apenas comienza a deshuesarnos. Dejémonos de preámbulos amorosos que sólo el
sirven a las secas del coño. ¡Tenemos ebriedad, sexo y juventud carajo! No somos chiquillas virginales que se mojan con
novelas de Murakami o soft porno de Golden. Somos la noche, el vacío y rabia. Disfrutemos
porque nos abandona y el día no nos pertenece, nos hace agua y piel embarrada
en las paredes y calles