jueves, 19 de febrero de 2015

Poco menos que perros viejos.


Te digo hombre, ¿ por qué tan apático?, ¿A caso te has arrancado los ojos? No intentes evitar esta desgracia mundana que infecta las paredes. Anda, sonríe un poco.
Caminemos juntos, pero mira hacia abajo, recuerda que el cielo suele escupir. Como consolación te susurraré palabras almidonadas, que me hacen ver menos podrida. Te veo y  nada puedo hacer para evitar este vértigo. Aférrate a tus pies. Y no mires hacia arriba.
Mejor ve a las pantallas idiotas. Ahí somos Universo, brillantina y vacío. Letras. Símbolos. Instante. Código binario. NADA.
Usemos de afrodisíaco  el alcohol y una vez ebria (sólo así) quiero que me tomes de la cintura, me muerdas las esquinas y las chupes. Quiero que me metas tu verga. Hasta el fondo. Sólo quiero sentirte en  mis paredes húmedas. No te salgas, quédate ahí por un rato. ¿Puedes?
Snifa un poco.  Sobre mi espalda o mi culo. Y sigue dándome fuerte, rómpeme; que la oscuridad es cruda y apenas comienza a deshuesarnos.  Dejémonos de preámbulos amorosos que sólo el sirven  a las secas del coño.  ¡Tenemos ebriedad, sexo y juventud carajo!  No somos chiquillas virginales que se mojan con novelas de Murakami o soft porno de Golden. Somos la noche, el vacío y rabia. Disfrutemos porque nos abandona y el día no nos pertenece, nos hace agua y piel embarrada en las paredes y calles

No hay comentarios: