sábado, 21 de abril de 2012

Fantasías, nefasteadas, ect.

Estaba en una de esas caminatas nocturnas, a falta de dinero (querido lector habrá de saber que siempre me quedo sin dinero a principios de semana, pues los lunes son tan nefastos que el alcohol el necesario).

En fin, mi mente seguía pensando en trabajos de la escuela y porquerías por el estilo, las cucacarachas se habían convertido en mi única acompañante estos últimos meses, pues en ocasiones no soportaba a todos con sus charlas acerca de un “mundo mejor” con mujeres y hombres iguales (¿iguales?) pajaritos y poetas en cada esquina, sin contaminación y ese tipo de mierda, que últimamente está de moda.

Los motores de los carros escaseaban cada vez más, era sólo yo y la noche, hasta que a lo lejos vi la silueta de un hombre, parecía alguien conocido, o más bien quería que pareciera. Y para mi mala suerte se trataba del único hombre que me ha hecho ver como una idiota enamorada y como la idiota enamorada que soy, me emocioné al verlo de cerca.

Terminamos en un bar de mala muerte, ya no recordaba que gracias a él recorrí los lugares más mundanos, y como era de esperarse llegaron los recuerdos, las historias. Si mal no lo recuerdo, nos fuimos de ahí a eso de las  2 o 3 am.

En la calle, nos miramos, no era necesario decir nada, era esa mirada de complicidad, tomamos el mismo taxi, y claro nos fuimos por más alcohol a su casa, y pues pasó lo que tenía que pasar. Fue como volver a escuchar alguna cinta favorita que hacía tiempo no escuchabas, fingimos ser amantes sólo por esa noche, hasta parecía que me amaba.

Estuvimos charlando un buen rato y mientras me vestía él me observaba detenidamente

─hace tiempo que no te veías, sabes, dormía pensando en ti, y en la posibilidad de esta noche─ dijo con una sonrisa mientras permanecía sentado en la orilla de la cama ─no sabes cuanto te he extrañado

─¿enserio?─ dije sorprendida, pues yo también soñaba con esa noche

En mis sueños o fantasías, nos veíamos, hacíamos el amor y nos fugábamos lejos de esta ciudad (no hace falta decir que siempre he tenido mi lado cursi).

Sonó el teléfono

─ Es mi novia─ me lo dijo así, sin tapujos─ No pongas esa cara, llega mañana.

En ese instante busqué un cigarrillo, lo encendí, fumé en silencio, pues sabía que a él le molestaba el humo de cigarro y en especial el ver a alguien fumar tabaco. Fumé como si fuera el último, fumé como si en cada liada se esfumaran los pesamientos, fumé hasta agostar mi existencia.

Busqué mis zapatos, me los puse, le di un trago a la botella que estaba en el suelo, me paré y salí de ahí.  

Esa noche no se parecía en absoluto a lo que yo solía imaginar, creo que desde entonces dejé de hacerlo.

No hay comentarios: