"El amor nos destruirá de nuevo",
me decía la voz grave de un muerto Ian Curtis.
Los vagones pasaban lentamente, el transporte más glaciar que nunca, o no se si lo confundí con mi vida. Intenté dirigir mis pensamientos hacia cualquier banalidad: el tornillo zafado
de un asiento, un corazón con las inciales R y B; o el hecho de que era la única sentada en esa fila. No dio
resultado. El tormento se hizo presente, mi mente se nubló de su recuerdo, mis manos no eran mías, no me hacían caso, era yo queriendo reducir su existencia.
El aire me faltaba. Anticipé mi parada en no sé qué
lugar. Me dispuse a caminar y a quitarme esa idea. Encendí mi último cigarro
esperando que no fuera lo único se extinguiera a mi paso.
Ahora, Inútilmente intento
escribir para sacarlo, incluso con las teclas soy tímida, lo escribo, lo borro,
lo reescribo.
Esto llevará tiempo…
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