martes, 10 de diciembre de 2013

Madrugada.



No puede haber tristeza más profunda que la que me consume esta madrugada.
 Llorar por lo malo que ha pasado, llorar por lo bueno, llorar por lo eterno, llorar por lo efímero, llorar por melancolía, llorar todo, llorar por nada.
¿A caso es posible exprimirse completamente hasta desvanecerse de esta forma? Si no lo era, ya lo hice posible, intento seguir llorando por miedo a lo que venga después.  Me invade el pánico tan sólo de pensarlo.
Tiemblo de miedo tan sólo de imaginar que las lágrimas se vayan, me abandonen y me dejen sola con este sentimiento de desolación y tristeza infinita, incapaz de mostrarse corriendo sobre mis mejillas, ante el mundo, o simplemente frente a mi.
Sería un lamento tan absurdo y deprimente y más aún, ser incapaz de llorarlo.

No hay comentarios: