viernes, 12 de diciembre de 2014

Caminatas nocturnas

Tal vez no fue la mejor idea proponerme a escribir diario cuando estoy en vísperas del fin de semana, que aunque en bancarrota de todas formas logré beber un par de cervezas.
Volví a las largas caminatas nocturnas. El frío es de locos, pero el ambiente parece un tanto más cálido de lo que aparenta. 
Intento parecer lo más optimista posible ante un panorama tan frío, sobrio, crudo y aburrido. Aunque el absurdo me invade, y es entonces cuando lo sublime, lo etéreo y bello me parecen vacíos y me lleno de superficialidad, de la más mundana y grotesca que cualquier cínico puede desear, pero aún así, en el fondo sé que sólo es vacuidad y nada más. Y es entonces cuando ya no puedo mirar a los ojos de las personas, no soporto las charlas, ni profundas, ni triviales. Náusea y vértigo. 
Es como si esas marchas nocturnas de gente con más esperanza de la que sé que puedo tener hasta el final de los días, me llenaran de envidia. 
-Mira, gente con esperanzas y más feliz de lo que podemos imagirenos sentir- le dije a Luz, ella me miro con cara de escepticismo y seguimos caminando y hablando de quesos, de finales, de esperanza y fé; terminamos retomando el tema del queso con el fin de evitar cualquier sentimiento de infelicidad que viene acompañado de las profundas reflexiones de las caminatas nocturnas.
Es entonces cuando creo que esas caminatas, pueden ser muy peligrosas si no se elije la compañía adecuada.
Pdta. Cuánta razón tenía ese cronista de esta era del vacío y tiempos hipermodernos. Hasta vergüenza me causa ser parte de este juego y seguir la corriente.



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