miércoles, 10 de diciembre de 2014

Flores

Al parecer soy poco femenina, si no fuera por mis senos, creería en serio que soy un hombre. Hasta la fecha ningún hombre me ha regalado flores, entonces suelo hacer cuestionamientos al respecto y todos concuerdan en que no creen que me gustan, y la verdad ni yo  se si me gustan las flores.
mA comparación de mi, mi madre siempre ha tenido flores en maceta, las cuales cuida más que a sus propios. Recuerdo uan vez que regresamos de unas vacaciones en la playa, subió rápidamente al balcón para ver a sus plantas, las lágrimas rodaron sobre sus mejillas: al parecer la persona a la que se le había encomendado la tarea de regar las flores, lo olvidó y en palabras de mi madre, estaban muriendo.
Todos nos pusimos a subir agua a cubetadas para ayudar a mi madre. En parte nos dio ternura y por otro lado, es muy incómodo verla llorar, aunque es una característica de ella y creo que la he heredado.
En fin, todo este meollo de la historia de mi madre con las flores y plantas, la saqué a relucir para demostrar cuán diferentes somos ella y yo, he llegado a pensar que la femineidad es algo nato, con lo que se nace, tal vez lo sabría explicar mejor si lo tuviera.
Y no es que sea un reproche conmigo misma por no tener eso, creo que no es bueno ni malo, sólo es. Como muchas cosas.
Bueno, esto que escribí fue una parte de ejercicio de escribir lo que sea sin parar y diario. Espero poder hacerlo y no dejarlo como todo en mi vida: inacabado.




martes, 29 de julio de 2014

Naturaleza muerta

Debajo del lienzo usado para delimitar donde comenzaban nuestros cuerpos y terminaba el infinito, me escondía. Me escondía. La piel nos comunicaba.
Sus dedos parecían buscar algo entre mi cabello bicolor. Mis ojos pronto encontraron reposo en ese huérfano pelo , desteñido por el pasar del tiempo. Luz entre el café  que cubría su cabeza. Era la muerte mirándome sonriente, o no se si él era consciente de eso, cada vez que se reflejaba. Intuyo que no, vivía con aires de despreocupación; lo sé por la forma en que cocinaba el más rápido y sencillo platillo: en completa serenidad y con movimiento pausado; era como observar una naturaleza muerta  y de vez en cuando me lanzaba una sonrisa.

lunes, 17 de febrero de 2014

¿Despedida?



Bueno, Aquí me encuentro, tal como lo habías predicho, Sabes, es como observar el ocaso de un sueño.
¿Te enorgullece?
Siempre cuide de delirar a escondidas del mundo, por temor al sabotaje. Dije muchas cosas a muchas personas que más tarde se volverían  tan extrañas al igual que esos delirios. Aún así no pude disimular delante de ti.
Siempre repudié esos pensamientos de utopías panfletarias. En vano. Por más que quise no me pude sacudir esos idealismos propios de ser joven y un tanto ingenuo, que  viene siendo lo mismo, ¿por qué no nací vieja? O mejor aún: MUERTA.
Es injusto reprocharte, después de todo si no te alimentaras se sueños y toda esa mierda ¿qué sería de ti?, o tal vez sólo así explico la existencia de muchos y la mía; ¿qué afán de que querer explicar todo no?
Ahora da lo mismo si amanece o no, si despierto o no, si quiero cambiar todo o me mimetizo en ese todo.
¿A esto querías llegar?, lo has logrado. Pero debo confesar que en algún momento te creí, y no te enojes,  pero ahora te he cambiado por  una vieja amiga de la infancia, que me hizo llorar aquélla tarde, fue la primera vez que me enfadé contigo …y fue su carta de presentación.

lunes, 13 de enero de 2014

DOS



No puedo negar que me siento un poco culpable por lo que escribí acerca de él, no es que lo haya dejado de querer. Simplemente me siento absurda con todo lo que me rodea, incluyéndolo. De alguna manera, ambos estamos conscientes de que acabamos de pasar la gran tormenta.
La imagen más parecida es la de ambos sentados en una sala de espera, pero ¿esperar qué? tal vez nada.

domingo, 12 de enero de 2014

NADA



Ya está, sucedió y al contrario de lo que temía y esperaba, llegó la calma. Es más que eso, lo supe en cuanto charlé con ella. La ausencia de todo.
La vi hace unas semanas, no estaba del todo bien, al parecer estaba un poco disgustada y decepcionada del acontecer diario. No la culpo, pero  sus palabras estaban plagadas de sentimientos, deprimentes (en su mayoría), pero sentimientos al fin y al cabo. Por más que traté, por primera vez no podía sentir alguna empatía. Me obligué y escarbé en lo más hondo, nada. El abandono.
Desde esa mañana  los días pasaron sin mayor cambio, o al menos dejó de importarme si los había.
Es como si estuviera suspendida en una pendiente, lejos de todo, aún se escuchan algunos ruidos de la ciudad, de su gente, pero poco a poco se ahogan, se vuelven difusos. El mundo sigue su rumbo, sin mi, como es de esperarse.
Lo supé desde que lo besé. Nada. Lo abracé y nada. Incluso el erotismo se vuelve tan carente de motivación, es como estar ahí, abandonarme y sentarme a un lado, mientras veo con la mirada fija dos cuerpos retorciéndose de placer. Es él. No cabe duda. Pero ¿soy yo?, de cualquier forma, no tiene importancia.

martes, 10 de diciembre de 2013

Madrugada.



No puede haber tristeza más profunda que la que me consume esta madrugada.
 Llorar por lo malo que ha pasado, llorar por lo bueno, llorar por lo eterno, llorar por lo efímero, llorar por melancolía, llorar todo, llorar por nada.
¿A caso es posible exprimirse completamente hasta desvanecerse de esta forma? Si no lo era, ya lo hice posible, intento seguir llorando por miedo a lo que venga después.  Me invade el pánico tan sólo de pensarlo.
Tiemblo de miedo tan sólo de imaginar que las lágrimas se vayan, me abandonen y me dejen sola con este sentimiento de desolación y tristeza infinita, incapaz de mostrarse corriendo sobre mis mejillas, ante el mundo, o simplemente frente a mi.
Sería un lamento tan absurdo y deprimente y más aún, ser incapaz de llorarlo.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Love will tear us apart o la espera al paso del tren (parte 1, creo)



"El amor nos destruirá de nuevo", me decía la voz grave de un muerto Ian Curtis.
Los vagones pasaban lentamente, el transporte más glaciar que nunca, o no se si lo confundí con mi vida. Intenté dirigir mis pensamientos hacia cualquier banalidad: el tornillo zafado de un asiento, un corazón con las inciales R y B;  o el hecho de que era la única sentada en esa fila. No dio resultado. El tormento se hizo presente, mi mente se nubló de su recuerdo, mis manos no eran mías, no me hacían caso, era yo queriendo reducir su existencia.
El aire me faltaba. Anticipé mi parada en no sé qué lugar. Me dispuse a caminar y a quitarme esa idea. Encendí mi último cigarro esperando que no fuera lo único se extinguiera a mi paso.
Ahora, Inútilmente intento escribir para sacarlo, incluso con las teclas soy tímida, lo escribo, lo borro, lo reescribo.
Esto llevará tiempo…